martes, 7 de septiembre de 2010

MIS CUENTOS DE CAMINO

TODAVÍA NO TE HE TOCADO

Por eso papá desaprobaba la emigración,
cualesquiera que fueran las razones;
los viajes, si, porque los viajes ilustran;
pero para vivir y morir, la Isla.

"LOS NIÑOS SE DESPIDEN"
Pablo Armando Fernández

Estoy en medio de una plaza desconocida, solo hay sombras y una espesa niebla que oculta las fachadas a mi alrededor. De pronto, como si desvelaran una cortina ante mis ojos aparece una mujer madura, de cabello rubio, corto y mirada penetrante, con el rostro congestionado y la boca fruncida en una mueca de dolor. Sudorosa, febril, parece aquejada por algún mal y extiende sus brazos hacia mi como suplicando ayuda. Dejo que se acerque sin recelo, sin que medien palabras tomo sus manos, siento que fluye la energía trasmitiéndome el calor de su cuerpo, cierro los ojos por unos instantes convencida de que con el simple contacto humano puedo aliviarla, sin embargo poco a poco el calor de antes comienza a ser degradado por un frío intenso que emana de la mujer y penetra en mí, ella levita, se vuelve etérea, me lleva suavemente, no puedo soltarme, nuestras manos están fundidas, el frío duele, el miedo me invade y es entonces que la reconozco. Quiero gritar pero un nudo en la garganta me impide articular palabras, tiemblo de horror y de frío, me abandonan las fuerzas, ya mis pies no tocan el suelo, pero en un último y supremo esfuerzo para desprenderme un nombre atraviesa mi mente, el de mi madre, balbuceo primero, luego grito desesperadamente Yola, Yola, Yola y despierto.

Estoy aterrada, un sudor helado me recorre. Por algunos segundos divago entre el sueño y la realidad; enciendo la lámpara de la mesa de noche y me levanto a tomar agua tambaleando, temblorosa. La fuerte impresión de la pesadilla no me deja ordenar las ideas vuelvo a acostarme pero no apago la luz, tengo miedo. Comienzo a reproducir las imágenes en mi cabeza como para convencerme de que todo no fue mas que un mal sueño, singular personificación de la muerte sin capucha negra, sin guadaña, la pelona moderna, teñida de rubio con manos suaves y persuasivas. Siempre oí decir que soñar con la muerte no significaba un mal presagio por el contrario es como si la exorcizaras y se revertiera en salud. O como dijera don Juan Matus, el brujo yaqui:

“-La muerte es nuestra eterna compañera, siempre está a nuestra izquierda, a la distancia de un brazo. Es la única consejera sabia que tenemos. Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te está saliendo mal y que estás a punto de ser aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te dirá que te equivocas; que nada importa en realidad más que su toque. Tu muerte te dirá: Todavía no te he tocado.”

Soñar con la muerte después de uno de los días más difíciles de mi vida era quizás una manifestación de mi estado de ánimo, un mensaje de mi subconsciente, de mis autodefensas diciéndome que no podía dejarme vencer. La vida, el destino, mi karma o como lo quieran llamar, me llevaban al fondo una vez más, ahora solo me quedaba apoyar firme los pies e impulsarme hacia arriba con todas mis fuerzas para alcanzar la luz y respirar, para seguir viviendo.

Parece que estoy destinada a ser dejada atrás por los que quiero, primero fueron mis padres, tenía 17 años cuando lo del Mariel, mi madre lloraba tratando de convencerme que debía irme con ellos, mi padre dijo que ya tenía edad para decidir y yo opté por el amor.

Me quedé con Luis, mi novio, el mismo que por ironías del destino diez años después hizo un viaje por razones de trabajo y perdió el camino de regreso. Por mas de dos años estuvimos comunicándonos, hicimos planes para encontrarnos, llorábamos cada vez que hablábamos por teléfono y nos escribíamos largas cartas cada semana, pero el tiempo, el implacable, trajo el silencio que poco a poco se hizo mas prolongado hasta que finalmente supe que estaba con alguien y era feliz en otro idioma, en otro cielo.

Y ahora Abel pasaba a formar parte del mismo destino recurrente, uno más en mi lista de ausentes.

* * * * *

Todo comenzó frente a un espejo en casa de mi mejor amiga y colega en la compañía donde trabajaba como diseñadora. Alicia convalecía de una operación de apendicitis, fui a verla y después de una larga visita de casi tres horas ya me marchaba e intenté retocarme un poco antes de salir, cuando primero una voz, luego una imagen detrás de mi, reflejada en el espejo, me dejó por unos segundos paralizada con la mano suspendida en el aire sosteniendo el lápiz de labios. Él dijo algo así como que las mujeres no necesitábamos de esos artificios para ser hermosas. Sonreí y apenas nos saludamos, me despedí guardando el lápiz labial sin usarlo y algo despeinada salí a la calle turbada sin saber por qué. Abel era músico, el hermano menor de Alicia un hippie criollo que aunque vivía con ella apenas paraba en casa, el genio y a la vez oveja negra de la familia. Por un buen rato retuve su imagen y su voz en las mismas pocas palabras muchas veces repetidas. 

Después la agonía del regreso un caminar de infinitas cuadras bajo el sol, la espera, el ómnibus, mas de una hora recorriendo cuatro municipios de la ciudad Arroyo Naranjo, 10 de Octubre, Cerro y Plaza, experimentando toda la gama del contacto humano empujones, pisotones, ofensas, piropos, miradas de resentimiento o de lujuria, olores diversos, algún toque premeditado o involuntario en el trasero o en un pecho. Exactamente como dice Carlos Ruiz de la Tejera en su parodia, en estos ómnibus como en los filmes prohibidos para menores puede haber violencia, sexo y lenguaje de adultos. Tuve suerte, a los 20 minutos de viaje pude sentarme, mis pies ya no daban más. Mis pensamientos se pierden en las fachadas de La Habana..."sábanas blancas colgadas en los balcones", cayéndose a pedazos pero hermosas todavía, mágicas en mis sueños, recuperadas,..."ciudad encantada en mí, engañadora". Bendito Eusebio, el mago, Leal...."quisiera por un instante entre tus calles andar,...con tu frescura habanera, La Habana y tu parecieran devolverme lo perdido”. Vuelvo en mí en la calle 23, la última parada, me bajo camino hasta Línea, pienso que mejor tomo un almendrón, saco la mano y se detiene un Chevrolet del 57.


-Cruza el tunel -le digo

-Sí, mi cielo. -responde zalamero, el conductor.

-Me deja en 31 y 8, por favor.

El recorrido que queda es mas corto apenas 5 minutos y ya llego, me bajo, le doy los 10 pesos al chofer, camino una cuadra más y ya por fin estoy en casa.

* * * * *

Por aquellos días atravesaba una crisis existencial que estaba acabando conmigo, demasiadas ausencias y soledades me atormentaban, unidas a la severa crisis que atravesaba el país. ¡Ay! de esas pequeñas, imprescindibles necesidades cotidianas, el chin, chin de todos los días. Dudas, te desgastas, agonizas y corres el peligro de matar los ideales, el amor, el espíritu.


Cuantas veces me sentí la mas miserable de los mortales, aunque en lo mas profundo a donde ni yo misma he llegado hay una luz pequeñita que mi insignificante ser presiente, temerosa, insegura, no me atrevo a llegar puede ser un espejismo y tendría que resignarme a la mediocridad sin esperanza. Un miedo visceral a vivir me asalta, temo demasiado al dolor, a ese que te estruja por dentro, te desgarra, te lacera como hierro candente eso que llaman alma, te deja sin aliento, pierdes el rumbo y si logras por unos instantes pensar, solo quieres que te nazcan alas y volar, volar lejos contra el viento golpeándote la cara, añorando un dolor físico cualquiera que anule al otro por algún tiempo. Te sientes morir y caes por un abismo sin fin como sueño recurrente azotando las noches. Llorar no alivia las heridas, escribir quizás y sangras poesía hasta que te abandonan las fuerzas, te inunda el vacío y como muñeca hueca que nunca ríe caminas por los años alucinando con un oasis donde calmar la sed, el deseo que a veces te asalta y con los cada vez mas improbables manjares que le devuelvan el amor a tu cuerpo, aunque es preferible morir abrasada y sedienta que sufrir la decepción de un espejismo.

* * * * *

Abel fue como un rayito de luz en la oscuridad de mi espíritu y algunos meses después a causa de una sarta de encuentros y desencuentros acabé entrando en el espejo de Alicia fascinada con las locuras de Abel que además había nacido en el año del conejo y me debatía en un amor profundo que me hacía infinitamente feliz.


No creo en el cliché de las almas gemelas o de la media naranja, no es cierto que sólo hay una persona en el mundo para cada cual, pero al final de alguna manera nos dejamos llevar por estas tonterías aunque me gusta mas creer en aquello de que ya nos habíamos conocido en otra vida o en esa idea de que en ciertas reencarnaciones, nos dividimos.

“…como los cristales, las estrellas, las células y las plantas, también nuestras almas se dividen. Nuestra alma se transforma en dos, estas nuevas almas se transforman en otras dos, y así en algunas generaciones, estamos esparcidos por buena parte de la tierra. Somos parte del Alma del mundo. Aunque si el Alma del mundo se limitara a dividirse, estaría creciendo pero también quedándose cada vez más débil. Por eso, así como nos dividimos, también nos reencontramos. Y ese reencuentro, es el Amor. Porque cuando un alma se divide, siempre se divide en una parte masculina y una femenina. Por eso en cada vida, tenemos una misteriosa obligación de reencontrar por lo menos, una de esas otras partes...”

En fin no se cual de esas fantasiosas versiones románticas corresponde al encuentro entre Abel y yo, solo sé que cuando fui tocada por su mirada y luego por todo él, entregué el corazón como nunca antes, como nunca más. No cabían dudas éramos el uno para el otro, epicúreos hasta la médula nos encargábamos de hacer de cada hora una fiesta de los sentidos. Si era el amor disfrutábamos de cada centímetro de nuestros cuerpos sin pudor como viejos amantes, adivinando cada sensación y pendientes sin egoísmo tanto del placer propio como del otro. Si era la mesa convertíamos la comida más frugal en un banquete donde no faltaban las velas y un delicioso vino casero. Si era el cine, el teatro, una azotea donde compartíamos estrellas, poesía propia o ajena, reíamos o llorábamos como niños, mirándonos a los ojos, incrédulos ante esa ráfaga de adolescencia que nos despeinaba, nos encendía la mirada y el corazón.

Con los ojos cerrados un día me llevó al callejón de Hamel, imaginé espíritus saliendo de las fachadas convertidas en lienzos gigantes, rodeándonos de música, cantando un futuro luminoso, recitando buenos augurios. Al final de la calle unos niños interrumpieron sus juegos para mirar sorprendidos la felicidad danzante que nos abrazaba sin recato y con manos y sonrisas decirnos adiós.

Otro día llegué a casa y encontré margaritas por todos lados, en la escalera, en el picaporte de la puerta, en la nevera, en la cafetera, en el baño, en la cama, en el closet, en una gaveta, en cada lugar o cosa que formaba parte de mi rutina diaria treinta en total "una por cada día juntos" decía en el cristal de la ventana. Después fue Abel el sorprendido cuando al salir en la mañana se encontró con un "A... te amo" gigante y rojo, escrito con tiza en medio de la acera. Recuperaba mi infancia perdida, mi adolescencia demasiado seria y a la vez me sentía mas adulta, mas mujer que nunca. Pero ahí no quedaban nuestras locuras y el día siguiente al regresar del trabajo fui yo quien tropecé con un "Yo más" azul, mi color, escrito en la puerta.

Por aquellos días la música le salía a Abel a borbotones y mis diseños dejaban los tonos fríos y refulgían coqueteando con los naranjas, fucsias y rojos. Y si alguna tormenta estallaba entre nosotros y el dolor se hacía insoportable él se refugiaba en una música triste y yo me aliviaba escribiendo poemas, hasta que pasaba la borrasca y teníamos que salir corriendo al aire y al sol uno en busca del otro. Temí entonces por esta relación mágica, casi perfecta que me arrancaba poesía, me perdía a los ojos del mundo y me reencontraba conmigo misma y con la vida.

* * * * *

Seguir al corazón era mi premisa, por eso me entregué siempre a sus designios y no me arrepiento del camino andado. Por amor fueron mis grandes decisiones, mis aciertos y equivocaciones. Y aunque aún me resisto a creer que el amor verdadero pueda manipularse y someterse tengo que aceptar cuan de cierto puede tener aquello que alguien dijo: "No existe amor tan sublime que no necesite de base material."


"Yo más por siempre" decía la esquela que Abel, el balsero, dejó en mi puerta, no supe si llorar o reír, hice ambas cosas como una loca y caminé, caminé sin rumbo fijo.

Tantos se fueron buscando otras tierras, otros sueños y yo sigo aquí a orillas de mi Isla con sus bondades y sus desaciertos, sentada en el Malecón, con el mar a mis pies y la mirada en mi cielo azulito sin nubes, como una pantalla infinita por donde pasan los buenos y malos recuerdos en colores o en blanco y negro da igual, interrogo a los años vividos tratando de establecer balance entre los logros y las pérdidas.

Regresé a casa como una sonámbula, algo se me había roto dentro, otro de esos pedazos de alma que dedicamos a alguien y necesitamos un día desprenderlo, sacarlo o esconderlo bien adentro, creyéndolo muerto, para seguir viviendo.


La Habana, 2000

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POR QUÉ LAS SAETAS DEL TODOPODEROSO
ESTÁN EN MI
Porque él es el que hace la llaga,
y él la vendará:
El hiere, y sus manos curan.
“EL LIBRO DE JOB”

A mi hermano, Alejandro,
hasta que nos volvamos a encontrar.

Es domingo y descanso en un cómodo sillón del portal compartiendo mi atención entre la lectura del Miami Herald y la visión de mis hijos que retozan en el césped del patio.


"Durante el fin de semana, 15 cubanos fueron rescatados frente a las costas de la Florida, informó el lunes el Servicio de guardacostas de Estados Unidos. El viernes por la noche cuatro refugiados fueron detectados por una lancha de motor 60 millas al sudeste de Cayo Hueso. El sábado en la noche, el guardacostas recibió una llamada del yate de recreo Bill Sur, que había detectado tres cubanos en una balsa al norte de Cay Sal Bank. Poco después el pesquero Windi C informó de cuatro cubanos 30 millas al sudeste de Maratón. El domingo a las 11:32 p.m., el pesquero Kajo detectó a dos cubanos. Un barco haitiano recogió a los otros dos. Todos fueron entregados al Servicio de Inmigración y Naturalización (INS). En julio, 64 cubanos han sido rescatados del mar, para un total de 12,229 en lo que va de año."

La pelota con que juegan los niños cae a mis pies y como si el destino enlazara evidencias para evocar el pasado veo a mi hija recoger la pelota y posar sus ojitos en mi pie izquierdo, observando la oscura marca que me atraviesa el empeine mientras señala con su dedito y pregunta:

-¿Qué es eso papá, una yaya?

-Si mi amor fue una yaya, ahora es una cicatriz, es un recuerdo, el recuerdo de un viaje.
* * * * *

Mis compañeros eran tres: el Jabao, Valentín y Jesusito, su hijo de 14 años. Nacidos y criados en la Habana del Este, mi amigo Lázaro me los había presentado como tipos guapos y de ley, conocedores del mar. Lo coordinamos todo para el viernes 30 de junio, a las 9:00 de la noche salimos de casa de Valentín hacia la costa. Cada uno llevaba un par de patas de rana, una cámara de camión preparada con una lona que le servía de fondo y una mochila con las provisiones: una flauta de pan bien envuelta en fundas de nylon para que no se mojara, dos latas de leche evaporada, una lata de salchichas chinas, cuatro o cinco litros de agua, un cartucho de Prevalón, un energizante que usan los deportistas, y algunos paquetes de sales de rehidratación. Aquello parecía una acción comando que debía realizarse con sumo cuidado pues los guardacostas estaban en los arrecifes. Los hermanos y hermanas de Valentín nos acompañaron, caminando de la mano como parejas, haciendo un círculo alrededor nuestro para ocultarnos lo más posible.

Cuando llegamos a la orilla, en menos de lo que canta un gallo, nos quitamos los zapatos nos pusimos las patas de rana, tiramos las balsas al agua, nos subimos a ellas y a patear. Solo habíamos avanzado unos pocos metros en el mar cuando aparecieron los guardafronteras que estaban escondidos en los matorrales y comenzaron a gritarnos. -Alto, párense, párense y nosotros patea que patea, entonces comenzaron a disparar y escuchamos a los hermanos de Valentín gritando también:

- No tiren, no tiren cojones, que hay un niño.

Pero ya estábamos lo suficientemente lejos como para que no nos alcanzaran las ráfagas. Sin embargo avanzábamos muy poco, la corriente va hacia la costa en los primeros kilómetros y había un poco de oleaje además los tiros nos tenían cagados, al extremo que el Jabao, más apendejado que los demás, dijo:

-Vamos a lanzarnos al agua, dejar las cosas en la balsa y regresar silenciosos a la orilla, así no nos agarran.

Yo estaba convencido de que los tiros no nos alcanzarían y la luna estaba completamente oculta por las nubes lo que nos daba la posibilidad de avanzar sin ser vistos por eso tratando de convencerlos les dije:

-Coño vamos a seguir que no hay lío, la noche esta muy oscura y no pueden vernos.

Parece que mis palabras los alentaron y seguimos adelante, unos minutos después el tiroteo paró. Mis compañeros iban delante y comencé a quedarme atrás le daba a las patas de rana con todas las fuerzas de mi alma, trataba de probar otra forma de patear pero nada, no avanzaba como ellos. Ya me llevaban una ventaja como de 100 metros, la cual yo trataba de superar a duras penas. Cuando estábamos como a dos kilómetros de la costa, unos diez minutos después de haber salido, guardafronteras puso el reflector e hizo un paneo y la luz se posó sobre nosotros; inmediatamente nos tiramos al agua y nos pusimos detrás de las balsas, si lograron ver algo, serían las balsas vacías.

Durante algunos minutos que me parecieron eternos, solo escuchaba el rumor de las olas casi apagado por el retumbar de mi corazón golpeándome los oídos. Luego la luz se apagó y en un santiamén nos volvimos a subir a las cámaras y seguimos sin parar un momento, yo seguía dándole fuerte a los pies, pero no avanzaba. Valentín me gritaba:

-Vamos compadre, dale, dale.

-Le estoy dando, carajo, pero esto no avanza.

El tramo de la primera noche debe ser el mas fuerte, se tiene que avanzar la mayor cantidad de millas posibles para quedar fuera del alcance de los guardacostas. Le echaba la culpa a la balsa y a las patas de rana que eran de mala calidad pero esto no me convencía. La distancia entre mis compañeros y yo se incrementó hasta 200 metros y en medio de tanta oscuridad, solo me orientaron sus voces gritándome y alejándose cada vez mas.

-No te quedes atrás, asereeeee...., ¿nos oyes? No te quedes atrás.

* * * * *

Mientras la noche me caía encima, lanzándome a oscuros abismos salados, le preguntaba al mar el por qué de su traición. A los ocho años mis padres me becaron en una escuela deportiva en natación, a partir de ese momento la mitad de mi vida transcurriría en el agua. En ese medio me sentía mas a gusto que en la tierra; aguas saladas de mar, aguas dulces de ríos, presas y lagunas, aguas cloradas de piscinas, a todo lo largo y ancho de Cuba, fueron mis más fieles y comprensivas amantes. En ellas sumergí mis alegrías y mis más profundas tristezas, ellas siempre me acogieron cálidas, comprensivas, en ellas curé mis catarros, mis heridas del cuerpo y del alma, de ellas siempre salí sano y feliz como aquel día en que mi padre tratando de enseñarme a nadar y viéndose impotente ante mi miedo, optó por empujarme al mar diciéndome:

-Nada coño, nada o te ahogas.

Me moría de miedo pero apenas mi cuerpo tocó el agua, y mientras me hundía con los ojos abiertos, el temor se fue diluyendo. Justo allí comenzó nuestra relación, cuando sentí como si dos enormes manos verdeazules me empujaran hacia la superficie entregándome sano y salvo con sal de lágrimas y mar ante los ojos temerosos y arrepentidos de mi padre.

* * * * *

Me sentía impotente y lo peor para mí incapaz físicamente, tantos entrenamientos y competencias con el equipo de polo acuático por todas las provincias, tantas aventuras haciendo camping con mis amigos en lugares intrincados, recorriendo el curso del río Toa, subiendo al Turquino, explorando las lomas del Escambray o de la Sierra del Rosario, tantas pesquerías submarinas, conocía a Cuba desde el cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, y casi siempre nadando, nadando. Estas experiencias me hicieron creer que podía dominar muy bien mi cuerpo, mis fuerzas siempre respondieron a mis mas exigentes llamados y el mar, mi compañero de tantos años, me daba la espalda cuando mas lo necesitaba, poniendo en peligro mis sueños, mi vida.

Después de dos horas de patear en vano me di cuenta que el problema estaba en la forma de hacerlo, hay que mover los pies pedaleando pero hacia atrás, como una bicicleta acuática. Como a las 12 de la noche alcancé a mis compañeros, pero todavía no tenía suficiente práctica y me volvieron a adelantar. A las 2:00 a.m. encontré otro grupo de balseros, nueve negros, que al pasar junto a ellos me preguntaron la hora, ellos también habían salido por la costa de La Habana del Este, mas o menos a la misma hora que nosotros, pero mis compañeros iban tan rápido que les pasaron por el lado como un bólido, quedando separados cerca de 200 metros. Como todavía estaba tratando de aprender el pateo y seguía sin avanzar me quedé con este grupo casi una hora, observando el movimiento de sus piernas para mejorar cada vez mas la forma de patear. Cuando ya supe que estaba preparado y podía despegar, me puse una flecha en el culo y alcancé a los muchachos y desde ese momento no me les separé ni por un instante, esto fue como a las 3.00 a.m. a partir de ahí el ritmo fue muy fuerte dos patadas por segundo, sin parar.

A las 6:00 a.m. nos pasó cerca una lancha guardacostas cubana a unos 500 metros y nos tiramos al agua, no se si nos vieron o no, pero siguieron de largo, a esa hora lo único que se veía era la bola de candela de la refinería Ñico López, eso ya era a unas 12 o 15 millas de la costa. Cuando la lancha se perdió de vista, nos volvimos a subir, descansamos por 10 minutos, el tiempo suficiente para comernos un pedazo de pan y tomar un buche de agua.

De ahí en adelante no paramos ni una sola vez, eso sí la frecuencia del pateo disminuyó, una patada por segundo. A las 2:00 de la tarde otra lancha guardafronteras surcó el mar, como a un kilómetro de nosotros, como las dos veces anteriores nos tiramos al agua para ocultarnos tras las balsas, a esa hora ya no se veía nada de la costa, nos rodeaba el mar por los cuatro costados.

A las 9:00 p.m. paramos por varias razones: estábamos extenuados, necesitábamos comer además el cielo gris y el viento anunciaban una tormenta. Comimos un pedazo de pan, una salchicha y un poco de agua. Jamás imaginé que estaría casi veinte horas seguidas pateando en el agua, me daban calambres, se me entumecían los músculos de las piernas y a causa de la constante fricción de la piel con la gruesa lona que cubría la cámara, se me dañaron las corvas, pero tenía que seguir.

Una cortina gris oscuro con relámpagos y truenos se acercaba cada vez mas a nosotros, y en medio de ella divisamos un helicóptero plateado, les hicimos señales pero no nos vieron; dudé si no sería un espejismo, el oasis tan ansiado en aquel infinito desierto azul. Con la tormenta ya casi sobre nuestras cabezas, amarramos bien fuerte las cuatro balsas y las convertimos en una sola, la lluvia llegó con mucho oleaje y descargas eléctricas. Duró 3 o 4 horas, después el mar se calmó un poco pero siguió lloviendo, entonces sacamos dos balsas de playa que llevábamos, las inflamos y nos tapamos un poco, así pudimos dormir algo, muy intermitentemente.

A las 8.00 a.m. del domingo, comenzamos a movernos de nuevo pero no pudimos hacerlo mas de dos horas, ya los pies, las rodillas todos los músculos del cuerpo no nos respondían, estábamos entumidos, con peladuras por todos lados y con la piel blancuzca y reblandecida a causa de estar tantas horas en la misma posición en el espacio reducido de la balsa, con parte del cuerpo dentro del agua y rozando constantemente con la lona.

Nos quedamos amarrados a la deriva, la corriente debía llevarnos hacia el norte. A medio día comimos. Lo hacíamos teniendo cuidado de que no cayera ningún alimento al agua, por el temor a los peces, sin embargo durante la travesía vimos de todo, tortugas, gallegos, dorados, delfines y tiburones que acercaban a una distancia prudencial, luego se iban, una aguja castero, de mas de cuatro metros, estuvo nadando a nuestro lado por casi 6 horas. En una de las veces que estuve dormitando por el agotamiento, me desperté de pronto sobresaltado al sentir que algo grande se movía a mi lado, una de mis piernas se elevó fuera del agua sobre algo duro y marrón, era un enorme carey que se había acercado a curiosear, se me pusieron los huevos en la garganta porque pensé que era otro bicho peligroso, luego me dio risa y contagiando a mis compañeros estallamos en carcajadas.

Ese día vimos varios barcos mercantes como a 3 o 4 kilómetros, pero no nos acercamos, ni hicimos ninguna señal, porque todos iban en dirección a Cuba. Al caer la noche ya empezábamos a desesperarnos, lo que mas nos golpeaban eran las rozaduras teníamos pelados los muslos, la ingle, las nalgas y hasta el pene. La sal, el agua y la fricción con la lona lo pela todo, sin embargo el sol no nos afectó pues íbamos vestidos con camisas de mangas largas, pantalones y medias, además nos pusimos un buen protector solar en las manos y en la cara.

En la noche de domingo para lunes nadie pudo dormir cada vez que nos movíamos protestábamos como señoritas, como si nos estuvieran dando una paliza. Mis patas de rana eran muy duras y aunque llevaba dos pares de medias me hicieron unas llagas en el empeine. En la madrugada nos pasaron cerca dos yates pero como no teníamos linternas nos jodimos. A las 6:00 de la mañana del lunes ya comenzaba a salir el sol cuando vimos una lancha, entonces paramos al Jabao, que era el mas alto de los cuatro, sobre una de las cámaras y lo sujetamos para que con una de las balsas de playa, que era amarillo chillón hiciera señas, hasta que nos vieron. Eran cuatro hombres, cuando ya estaban suficientemente cerca nos gritaron:

-Cubanos para Miami.

El alma nos vino al cuerpo, pero nos quedamos mudos por la emoción. Y ya cuando desde la lancha casi podían tocarnos, atinamos a contestar:

-Sí, sí, sí -todos a coro.

Subimos a la embarcación, nuestros rescatadores eran también cubanos que estaban pescando. Nos comieron a preguntas y sus rostros iluminados denotaban el orgullo por habernos encontrado. Los ocho hombres nos abrazamos tan fuerte que dolía y comenzamos a llorar como niños. Quisieron quedarse, como recuerdo, con las balsas y las patas de rana. Nos dieron de beber y comer, luego nos quitamos toda la ropa mojada para no seguir dañándonos las peladuras que teníamos por todo el cuerpo. Cuando me quité las patas de rana; las llagas que tenía en el empeine eran tan profundas que casi se veía el hueso. Me dolía todo, hasta el alma, pero estaba contento, la sensación de libertad era absoluta. Nada que ver con regímenes políticos o anhelos económicos, aquello era libertad del espíritu, había vencido a un elemento hostil, peligroso, impredecible y traicionero, no tenía nada material que me atara o me comprometiera con algo o con alguien, desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Con el alma limpia, como vuelto a nacer, iba rumbo a lo desconocido, dispuesto a recomenzar mi vida. En dos horas ya estábamos en las oficinas de guardacostas de Cayo Hueso, nos habían recogido a 40 millas de la Florida.
Santo Domingo, RD 2003

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TODAS LAS ISLAS LA ISLA

El amor es la única forma de conocimiento,
que, en el acto de unión,
satisface mi búsqueda.
En el acto de amar, de entregarse,
en el acto de penetrar en la otra persona,
me encuentro a mí mismo,
me descubro,
nos descubro a ambos,
descubro al hombre.
“EL ARTE DE AMAR”
Erich Fromm

-Vas a vivir en una isla presa de un amor por siempre.

Las palabras de aquella mujer desconocida venían a mi mente una y otra vez. Acababa de llegar al aeropuerto de El Prat, eran la 1 de la madrugada y tenía por delante una larga espera hasta las 6 y media de la mañana que salía mi vuelo para Canarias.

Había mucha gente en el lobby para la hora que era. Una pareja se tomaba fotos colocando la cámara en el pedestal de la escultura de Botero, solo se preocupaban por ellos, adoptando ridículos poses, el caballo regordete fue ignorado todo el tiempo, nunca lo fotografiaron.

Trataba de acomodarme en unos de los asientos pero era inútil, a mi alrededor muchos dormían en las más inverosímiles posiciones pero yo no podía ni siquiera cerrar los ojos. Un hombre, que arrastraba un carrito con el equipaje, se sentó cerca de mí, subió las piernas sobre las maletas, como para protegerlas, y se quedó dormido, al menos eso parecía por el sonido de su respiración.

Por varios minutos me quedé con la vista fija en el durmiente, mientras mi mente se escapaba a Paris a los días que pasé allí a la experiencia de pasear sola por sus calles y de nuevo la imagen de aquella mujer que me preguntó la hora en francés mientras bajábamos por la escalera mecánica de la Pirámide del Louvre y luego en perfecto español dándome las gracias y dijo:

-Vas a vivir en una isla presa de un amor por siempre- recuerdo que miré hacia atrás pensando que aquella frase no era conmigo pero a mis espaldas solo había una pareja de adolescentes que, en ese momento, se besaban con timidez. Cuando volví a mirar hacia delante la mujer ya se alejaba rápidamente hacia una de las escaleras que conducen a las salas del museo, trate de seguirla pero no pude alcanzarla y entonces retrocedí para hacer la fila y sacar el ticket de entrada, esperanzada en encontrarla de nuevo en alguna de las galerías. No volví a verla, pero aquella frase daba vueltas y vueltas en mi cabeza, por qué me diría aquello, quizás algo en mi me delataba como isleña, creo que ella hubiese sido la sorprendida si llego a decirle que yo había nacido en una isla, la mayor de las Antillas, que hacía muchos años vivía en otra, la única en el mundo compartida por dos países y que además al día siguiente viajaría a una tercera isla dónde pensaba quedarme por varios meses. Entonces ¿en cual de todas estaría mi destino? Estaba comenzando a pensar que la mujer y su frase premonitoria solo habían sido una alucinación, cuando me di cuenta que el hombre había despertado, y me descubrió con la mirada fija en él, aunque mi mente estaba bien lejos de allí. Fingí buscar algo en el bolsillo de la maleta.

-Son una molestia estas esperas, no pasa el tiempo- me dice.

-¿Cómo?

-Estas esperas que son muy molestas. ¿Para dónde va?

-Gran Canaria.

-Yo voy para Cerdeña, mi vuelo no sale hasta las 7:30.

Soy pésima para entablar diálogos con desconocidos pero no pude evitar sentir curiosidad al oír hablar de otra isla, además su voz me gustó y me intrigó su acento.

-¿Y de dónde es usted?

-Chileno, de Santiago, pero hace 30 años vivo en Italia, soy profesor de literatura hispana en la universidad de Sassari.

-Viene entonces de visitar su tierra.

-No, vengo del Caribe, todos los años paso un mes allá, conozco casi todas las islas y los países que tienen costas en su cuenca. A mi país voy cada dos o tres años, allá viven mi hijo y mis dos nietos.

Parece que a todo el mundo le dio por obsesionarse con las islas, hace tres días que solo pienso en islas y enumero las que conozco tratando de escudriñar el futuro: Cuba, La Española, Aruba, Bahamas, Caimán, Dominica, Granada, Jamaica, Martinica, Islas Vírgenes, Curacao, San Martin……………. Córcega, Cerdeña, Malta, Sicilia, Mallorca, Menorca, Islas Canarias….Chipre, Madagascar,……….y me acuerdo de la película de Fernando Pérez, Madagascar, Madagascar y por unos segundos estoy en La Habana y el Malecón……….vuelvo y casi sin pensarlo pregunto de nuevo.

-¿Y por qué el Caribe recurrente; negocios o placer?

-Estoy buscando algo- y sonríe.

También me gusta su sonrisa, así que me arriesgo y sigo con el interrogatorio, la pregunta me parece infantil y tonta pero igual la suelto, total que puede importar lo que piense de mí un desconocido que jamas volveré a ver.

-Un tesoro quizás, como el pequeño pastor de …..

-Perdón

-Que si lo que busca es un tesoro.

-Si, bueno algo parecido, estoy buscando a alguien. Y tú, ¿eres de Islas Canarias?

-Si, claro – me siento mal mintiendo pero pienso que si le digo que soy caribeña no me va a creer además ya me molestan las coincidencias.

Son las 5:30 a.m. y veo que el personal de chequeo comienza a llegar a los counters de Iberia, así que me levanto.

-Bueno, ya es hora de irme –le digo mientras me inclino a tomar mi maleta.

Al levantar la vista él también está de pie y siento que me mira con atención, trato de despedirme pero comienza a contarme algo, habla rápido como para que le de tiempo a decirme todo antes que yo me vaya corriendo.

-Cuando era un muchacho una amiga de mi madre muy entendida cuestiones esotéricas me dijo que encontraría la mujer de mi vida en el Caribe, nunca hice caso de esas cosas y al momento lo olvidé. Me casé muy joven con una chica de mi pueblo y nació mi hijo, después de 10 años, mi matrimonio fracasó y luego siguieron dos mas y muchas relaciones. Hace unos 15 años recordé aquella premonición y comencé a buscar, aunque a veces pienso que es solo una justificación a mi incapacidad para tener una relación estable, y a decir verdad ya me siento un poco cansado de esos calores y ardores caribeños, por eso esta vez regresé mucho antes. Parece que no tengo fijador y moriré como un lobo solitario.

Nos quedamos mirando por unos segundos, en silencio. Me pregunto por qué me cuenta todo esto, y me siento estúpida dejándome impresionar por este hombre que busca tesoros o mujeres perdidas en el Caribe. Y encima la historia de la mujer en París. Cada vez que me dejo llevar por las señales, la magia de la vida, las coincidencias, salgo mal parada. Así que me despido.

-Muy……………curiosa su historia pero tengo que irme. Qué tenga buen viaje y suerte.

-Lo propio -me responde a secas, pero me tiende la mano.

Chequeo mi billete y voy a la sala de espera, allí los asientos son más cómodos con el respaldar alto, y toda la noche sin pegar un ojo comienzan a vencerme así que me duermo hasta que alguien me habla.

-Disculpe pero ya están llamando para abordar –es él

No intento encontrar explicación solo me dirijo hacia la joven de la línea aérea muestro mi pasaporte y entrego la tarjeta de embarque, cuando camino hacia el avión, él está a mi lado.

-Creí que iba para Cerdeña –le digo sin mirarlo

-Cambio de planes a última hora. Recordé que tengo un gran amigo que vive en Las Palmas, hace años que no lo visito, pero en cuanto llegue lo llamo y listo. Me queda dinero y días de vacaciones, además no tengo a nadie que me espere, ni se preocupe en que parte del mundo puedo estar.

* * * * *

Por fin llego a mi asiento, me pongo el cinturón y miro por la ventanilla quiero perderme en la nada y no pensar pero es imposible acallar mi mente en constante revolución, mi vida en constante búsqueda y comienzo a hacerme las mismas preguntas de siempre. Dónde estoy y hacia dónde voy a estas alturas de mi existencia. Qué piensa la gente, qué es para ellos la felicidad. Quién diseñó para nosotros la rutina de cada día. Quiero escapar de esa rutina, de los horarios pero me siento egoísta, es imprescindible interactuar con el mundo que nos rodea, regirse por un orden, por reglas que otros establecieron.


Lo cierto es que en unos días mi hija mayor dará a luz y seré una abuela divorciada de 47 años, ya hace tres años que me separé del padre de mis hijas, mi amor de siempre, y me siento vacía sin él, pero a la vez aliviada, quién me entiende. Todavía no se si solo estaré de paso o este país será otro mas en mi lista de emigrante

Comenzar de nuevo ya no me asusta y pienso en el misterio de la vida, en lo impredecible, en la incertidumbre, en el no saber cuándo y dónde va a saltar la liebre. Quizás esa sea la clave, mantener el misterio, no estar segura de nada, “lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones.”

* * * * *

El piloto anuncia el despegue y me doy cuenta que los dos asientos a mi lado quedaron vacíos. Ya estamos en el aire y termino la oración que le hago a San Miguel cada vez que vuelo. Lo veo caminar por el pasillo rumbo al baño y al regreso se sienta a mi lado.

-Te molesta si me mudo para este asiento.

-No- respondo, pero no me gusta que me tutee. En un segundo ya se acomoda junto a mí y mientras se pone el cinturón me pregunta

-Oye disculpa que te pregunte de nuevo, de dónde eres en realidad.

-¿De dónde soy? No sabría decirte,………. –y también lo tuteo- creo que..... de Marte o quizás de.... Madagascar, si eso, soy de Madagascar.

-Muy bromista -se ríe –No lo vas a creer pero algo en ti me parece familiar. Siento algo extraño cuando te miro.

Lo que me faltaba un romántico, novelero, donjuan, es ridículo tener que oír estas cosas a mi edad. Y volteo la cabeza hacia la ventanilla a ver si se calla, y lo logro por un buen rato hasta que ya se ve Gran Canaria.

-Es espectacular la vista.

-Sí, me encanta esta isla.

-Ya se lo que pasa. –me dice como si acabara de descubrir algo y yo no tengo la menor idea de qué quiere decir.

-Ya se lo que siento cuanto te miro. Es el color .... es el Caribe que está en tus ojos.


Santo Domingo, RD 2005

lunes, 9 de agosto de 2010

NI CONTIGO NI SIN TI

AÑORANZA I

Emigrar,

debilidad de todos los tiempos.

Huir de los insectos

de esta desgarrante ansiedad interior

que mira a un ser vegetativo

siempre parado en el mismo sitio

con manos inertes,

ojos desmesuradamente vivos

mirada lejana, viajera galáctica.


Emigrar,

persiguiendo el futuro,

renegando el presente

matando el pasado.

Para no llorar lágrimas

de juventud perdida,

de anhelos frustrados,

de pequeños deseos insatisfechos

necesarios, imprescindibles.


Emigrar

llorando bien adentro

por cada rincón,

cada grano de arena,

cada losa colocada,

cada paso,

y aquel árbol amarillo,

de la Quinta Avenida,

los amigos y el Reloj.


Emigrar,

para olvidar los lugares prohibidos,

los de la tristeza visceral,

los de los esfuerzos inútiles,

los de la esperanza perdida.
                                                             
La Habana, 1999


AÑORANZA II

Mi calle,

en junio se vuelve río,

náyades saltarinas van por ella

provocando a los sátiros.

Después de la lluvia

los árboles lloran

y nos unimos en llanto

como de despedida.


Mi calle

y sus colores.

Verde, por todos lados

incitando a la esperanza.

Malva, cayendo,

se vuelve alfombra

bajo mis pies.

Amarillo, mi árbol preferido

como de oro, como de sol.


Mi calle

y sus fachadas majestuosas

grises ayer, abandonadas,

amor nuestro refugio.

Renaciendo hoy, renovadas.


Extraños te habitan.

Nosotros te amamos,

a oscuras o iluminada

siempre,

             mi calle.
                                                 
La Habana, 26 de febrero 2001


AGONÍA

Ir más allá de mi calle

esquivando charcos fangosos,

heces de perro

y arroyuelos putrefactos

que corren a lo largo del contén.

Enfrentarse con la agonía de la espera,

finalmente subir, ver sus caras.

Las miradas pérdidas,

las bocas fruncidas,

reflejando el resentimiento

la impotencia que corroe el alma

y los hace arremeter contra sus semejantes

como culpándose unos a otros

de sus respectivas frustraciones

de tanta vida perdida

en consignas y discursos,

del tiempo que se les escapa.

Oh, Dios tengo miedo de envejecer

vendiendo cucuruchos de maní.
                                                                 
La Habana, 10 de febrero 1999


IDENTIDAD

Pasa corriendo el paisaje

una campiña triste nos adiós

coronada de parduscos pastizales

poblada de animales escuálidos.

Cada pueblito languidece

entre sueños inconclusos

y ruinas irreparables.


La ciudad nos recibe cálida, hospitalaria,

desgreñada y con muletas

que la ayudan a sostenerse.


Los huecos en los techos

para que penetre el sol y la lluvia

están de moda.


De madera preciosa carcomida

aún relucen las puertas,

impecablemente hermosas,

como seduciéndolos

para que no dejen de entrar

día tras día

en el infierno de sus agónicas vidas.


Las montañas nos hablan

sabias y parlanchinas,

como esas abuelas que cuentan

su vida a cada visitante

y lloran por su ciudad perdida

en un futuro premonitorio, devastada

por la furia de los cuatro elementos

confluyendo en el centro

desde cada punto cardinal.


Asustados tratamos de huir

antes de oír las últimas palabras.

Quizás, el ángel de la Catedral

tenga tiempo de volar

hasta la piedra más alta.
                                                
Santiago de Cuba, 19 de mayo 1999

martes, 3 de agosto de 2010

LOS GRISES Y TÚ

NOSTALGIA I

Son hermosos los grises,

los días,

grises que pasan por mi calle

golpean la ventana

y mojan el corazón.


Grises que estrujan mi soledad

zumban en los oídos

y arrastran los pensamientos

hacia ardientes orgías de dos.


Grises de luz y arcoiris,

con él,

grises que roban mis fuerzas

solo para contemplarlos

y hundirme en ellos.


Hoy es gris,

es viento, es frío, es calma

que hiere la esperanza

y duele.


Hoy es gris,

me gusta, sueño

y espero mañana

un azul.
                               

La Habana, 14 de diciembre 1998



NOSTALGIA II

Vuelvo al gris,

sin ti,

tras los años,

tras otra ventana

en otra tierra,

en otro cielo.


Grises en un manto

que cubre todo, cayendo,

el rumor de la lluvia

corriendo a mares por la vida,

tocando a los que huyen

de la furia de los dioses.


Resoplan las chimeneas,

mas gris

volando hacia las nubes.


Calle gris,

que no reconozco mía.

Gris me oculto en las alturas.


La luz quiere

rasgar el gris

el azul quiere

imponerse al gris

el arcoiris vuelve

a inundarme el alma.
                                              
Santo Domingo, 4 de junio 2003



DESEO I

Es la madrugada

y este incendio

que no me deja dormir.

Casi las llamas me abrasan,

sola, logro extinguirlas.

Pero el fuego renace,

será una lucha infinita,

y dejo que me consuma.

Divinas cenizas que pueden volar,

ya no soy mas

que partículas de mí misma

dispersas en el aire.

No hay esperanza, o si,

otra vez el ave fénix

siempre la vida.
                                               
La Habana, 9 de diciembre 1998



DESEO II

Hoy no siento vergüenza

de este calor confuso

que me recorre

y se queda atrapado, sin atreverse

a subir para pensarlo

o a bajar para desearlo.


Hoy no siento vergüenza

de tantas lágrimas

a medio llorar, goteando poesía,

ni de soltar las palabras

que nadie quiso oír,

desterrando al silencio.


Hoy no siento vergüenza

de inventar amor

en cada insulto

y deseo en cada cucharada

hoy, mejor termino

antes de volver a avergonzarme.
                                                                 

La Habana, 26 de abril 1999


CRISIS I

Atrapada en este árbol

por viejas ramas

sosteniendo a los retoños.

Presa de un amor precoz

donde me hice encerrar

atada de pies y manos,

temerosa de romper el hilo.


Buscando enloquecida

puertas y ventanas,

descartando las falsas salidas,

con esa desesperación,

no tan desesperada,

de la que alguien habló.

Perdiendo pedazos de alma

por cada hora que me pasa por encima.


Desconfiada hasta la médula

de soluciones oficiales.

Quizás pueda pincharme el dedo

y dormir cien años

hasta que pase la borrasca.
                                                    

 La Habana, mayo 1999


CRISIS II

Morir, morir,

cada célula destilando tristeza

los sentimientos pugnando, todos,

anulándose unos a otros, el vacío,

como todos los colores, el negro.


El corazón se desborda,

el cerebro agoniza

las manos crispadas se abren

dejando caer, casi perfecta, una flor.


Caer, caer, caer

pétalos desgajados ya anuncian el final

bajo el paso de algún zapato distraído.


Pero unos ojos,

una mano precisa, quizás,

le cambien el curso a la vida.
                                                           

La Habana, 6 de mayo 1999



CRISIS III

Presa de tus miedos,

terror a veces

de tu rabia,

de tus emociones disimuladas,

de tus pecados,

de tus deseos inconclusos,

de los infinitamente pendientes.


Jamás saldrás a la luz

prefieres la protección de la penumbra,

del gris

lo demasiado puede pasarte la cuenta

y no estas dispuesta

a alterar el orden de la vida.
                                                                   

Santo Domingo, 2003



INSEGURIDAD

Son ellos petrificados, inanimados,

apareciendo siempre en el camino

son esas piedras que no apartas

ni logras saltar, te confundes.

Tus pies se hunden en el miedo

la inseguridad te aplasta

No puedes esperar siempre

que la erosión del tiempo y el olvido

las deshaga,

puede demorar siglos,

para entonces habrás muerto

tragada por el pantano de la resignación.

La última piedra tiene voz

y a veces murmura o grita:

¿quién eres? ¿qué quieres?

puedes saltar, escalar, volar.
                                                                  
La Habana, 1999


AUSENCIA I

Eres tú,

quien me encuentra errante,

perdida en mis sueños,

estropeada de tanto buscar inútilmente


Eres tú,

quien me rescata,

chamuscada por esos fuegos

que dejan fríos el cuerpo y el alma


Eres tú,

quien me salva

cuando estoy a punto de caer al vacío

y ser devorada por el desamor


Eres tú,

quien me ayuda

a llevar la vida

que tanto pesa y amo.


Eres tú, siempre,

quien no está

en el momento de saber y decirme

quién soy yo.

                                                                 La Habana, 1999


AUSENCIA II

Esta soledad tuya

que siento mía

y viceversa

me oprime el corazón


Amaneció frío este siglo

y ahora que conozco de ausencias y soledades

en esta inmensa cama helada

me pierdo


Corro a la habitación de las niñas

buscando calor, amor, vida.

Felices ellas duermen,

tú me faltas,

yo despierto.

                                        La Habana, enero 2001